Edad media. Monasterio en alguna zona recóndita de Italia. Es de noche y hace frío, el viento y la lluvia incesantes golpean sobre las duras piedras del antiguo edificio. En una habitación, a la escasa lumbre de una vela, el abate Fray Fernando di Giácomo, transcribe los textos de los restos de libros dañados en el incendio de la biblioteca de Florencia. Alguien llama, Fray Fernando abre la puerta y se encuentra al joven Luis, un monje de reciente ingreso a la congregación encargado de tareas menores que llega en un estado lamentable.
Fernando: Alabado sea el Señor, ¡Fray Luis!, ¿Qué le ha traído hasta esta morada con tanta urgencia y en este estado? Pase, pase usted. Acérquese al fuego y quítese esas ropas o no pasará usted sano de este invierno. Tome, séquese un poco y póngase estas ropas. Pero, ¿Por qué tiembla usted tanto? Le prepararé un té de jengibre, es reparador, se lo aseguro. Milagrosamente reparador. Bueno, aquí tiene, ahora que está en condiciones, me imagino que podrá decirme cuál es el motivo de esta sorpresiva visita, a estas horas de la noche. (Riendo) Pero bueno, hable usted ¡que parece haber visto al mismísimo demonio!
Luis: Fray Fernando… (Pausa)
Fernando: Hable usted de una vez por Dios santo. Muy bien, si lo prefiere descanse usted y ya hablaremos mañana. No sé para que viene a molestarme sino tiene nada que decirme. He de seguir con mis investigaciones, sabrá usted disculparme.
Luis: Fray Fernando…
Fernando: ¿Si? (pausa) Veamos joven Luis, estamos en confianza, si ha tenido usted alguna tentación, algo de que avergonzarse será mejor que lo expulse inmediatamente y no que se quede usted con eso dentro. En todos mis años de servicio al excelentísimo, se imaginará usted que he visto los casos más variopintos, no voy a asustarme por lo que pueda decirme ahora, puedo tomarlo como secreto de confesión si gusta. Parece que tendré que tirarle de la lengua. Bien, recapitulemos, debía usted llevar los víveres al convento de las Macarenas Descalzas, ¿no es así? ¿Ha realizado usted su misión con éxito? ¿Cómo están mis monjitas? ¿Qué le ocurre, está usted blanco como el papel? ¿Ha sucedido alguna desgracia? Si es así debemos irnos de inmediato… llamaré a alguien para que nos ayude con los caballos, ya que usted no va a hablar, tendré que ir y verlo con mis propios ojos.
Luis: No.
Fernando: ¿No? (pausa) se me esta agotando la paciencia Fray Luis. ¡Qué le den a usted, con sus misterios!, me tiene usted hasta el mismísimo…
Luis: Bailaban como locas.
Fernando: ¿eh? ¿Quién? ¿Tiene fiebre? Se ha puesto usted como un tomate, tranquilícese.
Luis: Las monjas.
Fernando: ¿Qué dice joven Luis?
Luis: Las Macarenas…
Fernando: ¿Está delirando?
Luis: Se arrancaban lo hábitos, sacudían sus cabezas en círculos meneando sus cabellos, gimiendo y gritando y jadeando, un espectáculo espantoso (llora) cientos de ellas. Han sido poseídas por el demonio. He estado encerrado durante tres días y tres noches y he sufrido en carne propia el desahogo de una tras otra, todas ellas, hasta que pude escapar y llegar hasta aquí… Fray Fernando…
Fernando: Continúe, continúe
Luis: Iba yo como cada semana al convento de clausura a dejarles sus provisiones, ya sabe usted que las dejo en la puerta para que ellas las recojan, había algo extraño en el ambiente, se oían gritos y esa música… esa música… sospeché que pasaba algo, la puerta estaba abierta y mi curiosidad me llevo a entrar, Dios me perdone lo que vi allí, es irreproducible.
Fernando: Pues intente, intente…
Luis: Quisiera no recordarlo nunca.
Fernando: Tómese su tiempo pero, debe contarme lo que vio allí, es de suma importancia, prosiga, prosiga.
Luis: Estaban subidas arriba de las mesas, con sus faldas hacia amarradas y sus cabellos sueltos, contoneaban sus caderas de una manera…lasciva y pecaminosa…y no paraban de cantar esa canción, esa canción que no se va de la cabeza…
Fernando: ¿Qué canción? ¿ Qué canción joven Luis? ¡Hable!
Luis: ¡Por piedad no me lo pida padre Fernando, no me lo pida!
Fernando: ¿Qué canción?
Luis: ¡Piedad!
Fernando: ¡Qué canción, demonios! (santiguándose) es usted capaz de exaltar hasta a un muerto…
Luis: Lo siento Fray Fernando, tiene usted razón…debo revivir este dolor, es mi castigo.
Fernando: Déjese de chorradas y reviva, reviva.
Luis: La recuerdo perfectamente, la repetían una y otra vez, la canción decía, “dale a tu cuerpo alegría…”(Luis canta La Macarena rememorando los movimientos obscenos de las monjas, mientras le cuenta los detalles a Fray Fernando que se agarra la cabeza y junta las manos en gesto de oración llevándolas luego al cielo. Vemos esta escena gestual que se va quedando en segundo plano, mientras se ilumina otra parte del escenario; el convento. Vemos la representación de la canción, Macarena, hecha por las monjas endemoniadas y semidesnudas.)
Monasterio
Luis: Por favor, si voy a allí otra vez, creo que perderé la razón.
Fernando: Estamos tratando con el demonio joven Luis, no puede usted amedrentarse. He consultado los antiguos tratados y si este tipo de maldición no se detiene a tiempo la iglesia entera estaría en peligro de extinción y por lo tanto, la humanidad completamente perdida y hundida en el pecado. Dios lo ha elegido a usted amigo mío. Esas mujeres han sido poseídas por Lucifer y debemos salvarlas o morir en el intento, vaya usted con Dios y ya sabe con quién, que le está esperando afuera.
Luis: ¿Funcionará padre?
Fernando: Si esto no funciona mi querido Luis, habremos perdido la batalla. Pero no se preocupe, Dios nos manda a alguien poderoso, es un ángel del cielo, confíe, confíe, nadie tiene más talento y garra para exorcizar la lujuria, nadie.
Convento
Las mujeres exhaustas y sudadas siguen cantando la canción de La Macarena mientras se revuelcan por el suelo, las mesas y las paredes. Llega el monje Luis con un acompañante que está completamente cubierto con una túnica oscura. Las monjas se le echan encima para volver a poseerlo, se mueven provocativamente.
Luis: (cayendo en las redes de la seducción) ¡Atrás, pecadoras! ¡Atrás! (débil) Atrás.
(Recuperando fuerzas) ¡Atrás Satán! (Las mujeres le rodean y el cede a la tentación, entonces su acompañante se quita la túnica, es Lola Flores, se sube a una de las mesas y comienza a cantar a viva voz, lleva un traje verde de flamenca. Mientras canta “Pena, penita, pena“, las monjas se retuercen y gritan resistiéndose al exorcismo de Lola Flores, todas terminan llorando como niñas arrepentidas cubriendo su desnudez con lo que encuentran, avergonzadas. Oscuro)
Monasterio
Fernando: Sabía que iba usted a sobrevivir joven Luis, que sepa que será reconocido por el sumo pontífice. Nunca son pocos los esfuerzos para luchar contra el mal, pero no le veo muy contento.
Luis: Las Macarenas
Fernando: Olvide usted joven Luis, se que el haber sido fornicado por cientos de monjas es algo difícil de superar, pero piense usted que no ha sido poseído por esas pobres santas sino por el mismo demonio y aun así, su entereza de espíritu le ha llevado a comportarse como un héroe y vencer.
Luis: No ha sido vencido
Fernando: ¿Qué me cuenta Luis?, ¿No me había dicho usted que Las Macarenas habían revertido completamente su actitud y que se habían entregado a una sumisa y abnegada oración de arrepentimiento, que sus lágrimas no cesaban?
Luis: Y no cesan, Fray Fernando. Las monjas han pasado 3 días y 3 noches llorando mientras murmuran esa canción de pena, todas a la vez, es un zumbido insoportable por todo el convento y ellas no paran de llorar hasta desfallecer. Una a una van cayendo deshidratadas, llevan días sin comer, se flagelan y torturan, hacen sangrar sus espaldas y el arrepentimiento es tal que sólo quieren llorar y morir… hemos perdido ya a más de la mitad, es una desgracia aún mayor que la anterior.
Fernando: El castigo de Dios
Luis: El tema es Fray Fernando, que deberíamos hacer algo para salvarlas, es un espectáculo tan cruel, sus lágrimas han hecho crecer el cauce de los ríos y hay inundaciones en el pueblo, la gente empieza a inquietarse.
Fernando: Está bien, está bien. Algo debe hacerse. Consultare con las sagradas escrituras y en estos otros libros paganos, lo que sea… alguna solución divina debe haber. Aquí, aquí, lo dice. “El Reino de los Cielos es similar a un grano de mostaza que un hombre toma y siembra en su campo; este grano es la más pequeña de todas las semillas, pero cuando ha crecido es más grande que todas las otras legumbres y se vuelve un árbol, de tal modo que los pájaros del cielo vienen a reposar sobre sus ramas (San Mateo, XIII, 31,32).” este es el mensaje que esperábamos ¿.lo entiendes Luis, lo entiendes?
Luis: ¿Mostaza?
Fernando: Los pájaros, Luis, los pájaros, son la solución divina
Luis: Es usted un santo Fray Fernando, y una sabio, una santo y un sabio, deje que bese su mano ¿Pero cómo haremos?
Frenando: Esta vez no puede ir usted solo, debemos recurrir a toda la congregación, todos unidos y solo unidos, recuperaremos el espíritu sagrado y venceremos al mal. Partiremos en procesión esta noche y rezaremos hasta el amanecer, rezaremos por esas almas perdidas.
Convento
Las monjas lloran y se lamentan, están rodeadas de cubos llenos de lágrimas que van vaciando en una pileta mas grande, algunas meten la cabeza en los cubos de lágrimas y se ahogan, otras deshidratadas y exhaustas caen muertas. Entonces llega toda la congregación de sacerdotes y se forman rezando solemnemente alrededor de las monjas que les miran asombradas. La canción de pena va quedando debajo del sonido de los rezos, de repente los sacerdotes sueltan de una enorme jaula cientos de pájaros, las monjas empiezan a reír como niñas y a jugar. Han conseguido sacarles la pena. Todos están felices por el logro pero de repente, las Macarenas Descalzas, como si de una posesión se tratara, comienzan cantar a coro la canción de Los Pajaritos; “Pajaritos a bailar la cintura a remover….”. Embelesadas, poco a poco se van entusiasmando y sube el ritmo. Cantan y se mueven enloquecidas. Los sacerdotes desorientados quieren escapar pero de repente las puertas se cierran. Son las fuerzas del averno. Ellas liberadas y haciendo movimientos contra natura se unen a los sacerdotes y les incitan a cantar y bailar su canción. Los monjes por más que intentan resistirse son completamente poseídos y terminan todos juntos haciendo una coreografía apasionada y grotesca de la canción. Lentamente bajan los pájaros del cielo y se posan en sus brazos. Orgía final.
No hay comentarios:
Publicar un comentario